Tuesday, July 5, 2011

HUITZILOPOCHTL - EL DIOS AZTECA DEL SOL




Huitzilopochtli(en náhuatl Huītzilōpōchtli; AFI [wiːtsiloːˈpoːtʃtɬi]:[1] 'colibrí zurdo' o 'colibrí del sur'), fue la principal deidad de los mexicas.
También fue conocido como Ilhuicatl Xoxouhqui y ha sido asociado con el sol.
Al arribo de los españoles a Mesoamérica, era la deidad más adorada en el Altiplano Central por imposición de los mexicas. Los conquistadores lo llamaron Huichilobos.

Según la leyenda, Huitzilopochtli nació de Coatlicue, la Madre Tierra, quien quedó preñada con una bola de plumas o algodón azulino que cayó del cielo mientras barría los templos de la sierra de Tollan. Sus 400 hermanos al notar el embarazo de su madre y a instancias de su hermana Coyolxauhqui, decidieron ejecutar al hijo al nacer para ocultar la supuesta deshonra, pero Huitzilopochtli nació y mató a la mayoría. Tomo a la serpiente de fuego xiuhcoatl entre sus manos y le dio forma de hacha y venció y mató a Coyolxauhqui con una enorme facilidad, quien quedó desmembrada al caer por las laderas de los cerros. Huitzilopochtli tomó la cabeza de su hermana y la arrojó al cielo, con lo que se convirtió en la Luna, siendo Huitzilopochtli el Sol.

Fundación de Tenochtitlán Aztlán significa en náhuatl 'lugar de la blancura' o 'lugar de garzas' y la leyenda dice que al dejar esta mítica isla dentro un lago del Norte vagaron años hasta que en el Sur se establecieron en Coatepec cerca de Tula. Pero más tarde los seguidores de Huitzilopochtli pensaron irse, mientras los de su hermana Coyolxauhqui querían quedarse.
Se libró una batalla en la que los seguidores de Huitzilopochtli se comenzaron a llamar mexicas (mēxihcah, en náhuatl) en honor a Mextli, un dios guerrero. Según la leyenda dejaron de llamarse aztecas cuando se les apareció en sueños a cuatro sacerdotes en el cerro de Chapultepec (hoy absorbido por la Ciudad de México).

Entonces siguieron hacia el Sur hasta que Huitzilopotchi les indicó donde fundar la nueva capital, México-Tenochtitlán en Anáhuac al medio del Lago de Texcoco, una ciudad llena de canales.

Adoración Señor de una civilización dedicada a la guerra, era un dios eminentemente guerrero; cuando los aztecas tomaron los dioses de las otras culturas nahuas, como la Tolteca, elevaron su dios al nivel de los grandes dioses de Mesoamérica, como Tláloc, Quetzalcóatl y Tezcatlipoca.

Así, en el centro de su ciudad, Tenochtitlán, construyeron un templo con dos altares, uno dedicado a Tláloc y el otro a Huitzilopochtli.
Sobre el pequeño templo, cada 52 años se la añadía otra construcción, cada vez más grande,convirtiéndolo de una imponente edificación del mundo antiguo.
En las ruinas actuales se pueden ver las distintas etapas, como capas de cebolla.

A estos dioses se les ofrecían sacrificios humanos: a Tláloc, niños varones enfermos, y a Huitzilopochtli cautivos de habla náhuatl, tomados en combate. Cuatro sacerdotes sostenían al cautivo de cada extremidad y un quinto hacia una incisión con un afilado cuchillo de obsidiana y extraía el corazón.
El prisionero estaba completamente cubierto de gris, que era el color del sacrificio, y tal vez estaba drogado, pues los gritos se consideraban de mal gusto en el caso del sacrificio a Huitzilopochtli.

El propósito de los sacrificios a Huitzilopochtli era darle vigor para que pudiera subsistir en su batalla diaria, y lograr así que el sol volviera a salir en el siguiente ciclo de 52 años. Según la tradición nahua, han transcurrido 4 eras que terminaron en desastre, y vivimos en la quinta creación que terminara en un año "uno movimiento", esta fecha se repite cada 52 años en el calendario.
Los mexicas pensaban que alimentando al sol, Huitzilopochtli, se podría posponer el fin al menos por otro ciclo. Ellos no pensaban que fuera necesario un sacrificio diario. La Fiesta en honor a Huitzilopochtli se celebraba una vez al año. Esta concepción no es común a los demás pueblos nahuas, y al parecer fue debida al poderoso Tlacaélel, quien además instituyó la costumbre de las "guerras floridas" a fin de que Huitzilopochtli pudiera disponer de cautivos de habla náhuatl.

En la religión mexica, los guerreros que morían en batalla, los que morían sacrificados y las mujeres que morían en el parto estaban destinados al paraíso y quizás para (los relatos y escritos sobrevivientes a la conquista no son muy claros en esto) renacer en esta tierra como mariposas.
Por ello se consideraba un honor ser sacrificado a Huitzilopochtli.

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